jueves, 7 de marzo de 2013

Un cuento para reflexionar


Hoy, leyendo algunos cuentos sobre la Educación por internet, encontré uno que me encantó.  Aparentemente parece ser un cuento muy sencillo y fácil de entender, pero realmente creo que da mucho que pensar. Muchas veces los maestros frenan la iniciativa de los estudiantes creyendo que no serán capaces de realizar algunas cosas por sí mismos.  Si pretendemos que nuestros futuros alumnos ganen en autonomía e iniciativa personal, desde luego la postura de esta maestra no será la idónea para ello…Nosotros, como futuros docentes, y los maestros tenemos una gran responsabilidad sobre los alumnos y no debemos nunca coartar la iniciativa de los alumnos. ¿Acaso hay algo más grande que la imaginación de un niño? Aquí les adjunto el cuento:

“UN NIÑO”

Una vez un niño fue a la escuela. Él era bien pequeño. Y la escuela era bien grande. Pero cuando el niño vio que podía ir a su clase caminando directamente desde la puerta de afuera, él se sintió feliz, y la escuela no le parecía tan grande así:
Una mañana, cuando hacía poco que él estaba en la escuela, la maestra dijo:

¨ Hoy vamos a hacer un dibujo.
¨ Bien –pensó él.
A él le gustaba dibujar. El podía hacer todas las cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos..., y tomó su caja de lápices y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo:

¨ ¡Esperen! ¡No es hora de comenzar!
Y él espero hasta que todos estuviesen prontos.

¨ ¡Ahora! –dijo la maestra- Vamos a dibujar flores.
¨ ¡Bueno! –pensó el niño.
A él le gustaba dibujar flores con lápiz rosa, naranja, azul. Pero la maestra dijo:

¨ ¡Esperen! Yo les mostraré cómo se hacen. ¡Así! –dijo la maestra, y era una flor roja con tallo verde.
¨ ¡Ahora sí! – dijo la maestra -. Ahora pueden comenzar.
El niño miró la flor de la maestra y luego miró la suya. A él le gustaba más su flor que la de la maestra. Pero él no reveló eso. Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra. Era roja, con el tallo verde.
Otro día, cuando el niño abrió la puerta de afuera, la maestra dijo:

¨ Hoy vamos a
 trabajar con plastilina.
¨ ¡Bien! –pensó el niño.
El podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: víboras y muñecos de nieve, elefantes y rabitos; coches y camiones... Y comenzó a apretar y amasar la bola de plastilina, pero la maestra dijo:

¨ ¡Esperen! No es hora de comenzar. Y él esperó hasta que todos estuviesen prontos.
¨ ¡Ahora! –dijo la maestra- nosotros vamos a hacer un plato.
¨ Bien, pensó el niño. A él le gustaba hacer platos. Y comenzó a hacer algunos platos de  diferentes tamaños y formas. Pero la maestra dijo:
¨ -¡Esperen! Yo les mostraré cómo hacer un plato llano.
¨ Así! –dijo la maestra.
¨ Ahora pueden comenzar
El niño miró el plato de la maestra. Entonces, miró los suyos. A él le gustaban más los suyos que el de la maestra. Pero no reveló eso. Simplemente amasó la plastilina, en una gran bola e hizo un plato llano como el de la maestra.
Así luego el niño aprendió a esperar y a observar; y a hacer cosas como la maestra, y luego él no hacía las cosas por sí mismo.
Entonces sucedió que el niño y su familia se mudaron para otra casa, en otra ciudad y el niño tuvo que ir a otra escuela.
Esa escuela era mucho mayor que la primera, entonces había puertas afuera. Para llegar a su salón, él tenía que subir algunos escalones y seguir por un corredor largo para finalmente llegar a su clase.
Y  justamente en el primer día, que él estaba allí, la maestra dijo:

¨ Hoy vamos a hacer un dibujo.
¨ Bien –pensó el niño. Y esperó a la maestra para que le dijera cómo hacer. Pero ella no dijo nada, apenas andaba por el salón. Cuando se acercó al niño, ella dijo:
¨ ¿Tú no quieres dibujar?
¨ Sí –dijo el niño-. Pero ¿qué vamos a hacer?
¨ Yo no sé, hasta que tú lo hagas –dijo la maestra.
¨ ¿Cómo lo haré? –preguntó el niño.
¨ ¿Por qué?- dijo la maestra- De la manera que tú quieras.
¨ ¿Y de cualquier color? –preguntó él.
¨ De cualquier color –dijo la maestra-. Si todos hiciesen el mismo dibujo y usasen los mismos colores, ¿cómo yo podría saber quién hizo qué, ¿y cuál sería de quién?
¨ Yo no sé- dijo el niño. Y comenzó a hacer una flor roja, con el tallo verde.


Por Helen Buckley